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LA ASERTIVIDAD: UNA COMPETENCIA CLAVE PARA UNA GESTIÓN EMPRESARIAL EFICAZ

Carmen Fiestas , 06-02-2026              Artículo en PDF

En el ámbito de la empresa, la gestión eficaz no depende únicamente de la estrategia, los procesos o los indicadores. Depende, en gran medida, de cómo se ejerce la autoridad.

 

Las estructuras y las prácticas han cambiado tanto por su ineficacia, que ahora podemos decir que las personas actúan con una gran desorientación que, en muchos casos, aún llevan a una mayor decadencia por resistirse al cambio.

Muchos problemas organizativos tienen su origen en un error recurrente: confundir liderazgo con dureza o, en el extremo contrario, con excesiva complacencia. Entre ambos enfoques se encuentra una competencia esencial para el directivo moderno: la asertividad. No como concepto teórico, sino como una herramienta práctica que impacta directamente en los resultados, en los equipos y en la cultura empresarial.

Asertividad: más que una habilidad blanda (soft skill)

En el contexto empresarial, la asertividad no debe entenderse como una cuestión emocional o psicológica, sino como la capacidad de comunicar decisiones, expectativas y límites de forma clara, firme y respetuosa.

Un directivo asertivo:

  • Dice lo que espera.
  • Define responsabilidades sin ambigüedad.
  • Marca límites cuando es necesario.
  • Mantiene la coherencia entre lo que exige y lo que permite.

 

Este enfoque se sitúa entre dos estilos poco eficaces pero muy extendidos en la gestión:

  • La pasividad, que evita el conflicto, dilata decisiones y genera desorden.
  • La agresividad, que impone mediante presión, deteriora relaciones y desgasta a los equipos.

    La asertividad permite dirigir sin caer en ninguno de los dos extremos.

     Por qué la asertividad es esencial para una buena gestión

La falta de asertividad suele generar problemas silenciosos que terminan afectando al rendimiento. Por el contrario, cuando se aplica correctamente, sus beneficios son inmediatos:

1. Claridad en la toma de decisiones
Las organizaciones no fallan por falta de decisiones, sino por decisiones mal comunicadas. La asertividad elimina la ambigüedad y reduce interpretaciones erróneas.

2. Autoridad sin fricción
La autoridad no se impone; se ejerce. La comunicación asertiva refuerza el liderazgo sin necesidad de recurrir al conflicto constante.

3. Menos conflictos innecesarios
Muchos conflictos surgen por expectativas no expresadas o límites mal definidos. La asertividad actúa de forma preventiva.

4. Mayor responsabilidad individual
Cuando los mensajes son claros, los equipos saben qué se espera de ellos. Esto fomenta la autonomía y la rendición de cuentas. La asertividad no reduce la exigencia; la hace comprensible y asumible, lo que incrementa la eficacia global.

  • Equipos más comprometidos y menos dependientes del control continuo.
  • Mandos intermedios más seguros y eficaces.
  • Menor desgaste emocional en la dirección.
  • Mejor alineación entre objetivos y ejecución.

 

Errores habituales en la dirección

Estos errores no solo ebilitan el liderazgo, sino que generan incertidumbre y desmotivación en los equipos. A pesar de su importancia, muchos directivos evitan la asertividad por creencias erróneas:

  • Pensar que ser firme equivale a ser autoritario.
  • Evitar conversaciones incómodas para “mantener el buen clima”.
  • Delegar tareas sin definir claramente resultados y límites.
  • Priorizar la aceptación personal sobre la responsabilidad directiva.

 

La asertividad como rasgo del directivo actual

El entorno empresarial exige rapidez, adaptación y decisiones constantes. En este contexto, la asertividad se convierte en una competencia estratégica, no opcional.

Dirigir con asertividad implica asumir que liderar es comunicar con claridad, actuar con coherencia y sostener las decisiones en el tiempo. Las organizaciones que desarrollan este enfoque no solo mejoran sus resultados, sino que construyen estructuras más sólidas y sostenibles.

En definitiva, una gestión empresarial eficaz no se basa únicamente en qué se decide, sino en cómo se comunica y se ejecuta. Y en ese proceso, la asertividad marca la diferencia.

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